Yo vivo Santiago centro y usualmente caigo en la histeria
colectiva de los ruidos y las luces que no cesan de transgredir mi efímera
humanidad.
Esta suerte de estímulo-respuesta en la que vivo, es el
resultado de una seguidilla de factores que se han venido desencadenando a
través de la historia misma, siendo más clara, desde el surgimiento del
capitalismo en la edad media hasta la completa instauración del sistema
neoliberal propuesto por don Friedman.
ES ASÍ COMO CONTINUAMENTE SOY ACECHADA POR MÚLTIPLES VILLANOS QUE NECESITAN ABSORBER MI ENERGÍA PARA CALMAR MOMENTÁNEAMENTE EL VICIO DE PODER, Y DE PASO, TRATAR DE GOBERNAR MI VIDA.
-
Cómo debo
vestirme?
Con ropa Zara
-
Cuál es el
celular de última generación que necesito?
Un Galaxy S III
-
De qué
forma puedo ser exitosa?
Teniendo mi propio Mini Cooper
Estas son las clases de preguntas y respuestas con las que
convivo cotidianamente en las calles de mi ciudad, dudas y aseveraciones que
brotan sin tregua de las murallas, de las azoteas de los edificios, de los
automóviles, del metro, de las micros…
Y en complemento con la televisión, la radio y el computador
son la muerte segura de una vida consciente.
He estado bien loca por esta situación, he sufrido de
insomnio, de apatía total, de baja autoestima, y realmente me siento
acorralada, salgo a la calle y doy vueltas y vueltas sobre lo mismo, los
mensajes no cesan, y la nefasta publicidad no se apiada de mi mente.
POR ESO LLEGA UN MOMENTO DADO EN QUE SUELO ARRANCAR, CORRER DE TODA ÉSTA LOCURA MERCANTIL E INDUSTRIAL.
CORRO POR MI VIDA AL LUGAR MÁS LEJOS QUE PUEDO, en este caso, a mi querido pueblito de Mulchén, que está
situado en la octava región, y que es el responsable de mantenerme cuerda
dentro de todo.
Allí es donde logro encontrar una verdadera armonía sin
tantas luces ni parafernalia, con un contacto más cercano a la naturaleza y su
tranquilidad, sin tener que escuchar repetitivas voces que me sugieren o
derechamente me ordenan de qué manera debo ser feliz.
Allá, lejos de esta enorme urbe, consigo paz verdadera, la
felicidad, la iluminación de una mente clara y objetiva.
Pero claro, siempre llega ese momento donde todos debemos
volver a donde pertenecemos y vuelvo a repetir las mismas conductas de las que
me deshice luego de vivir libre en el sur, piso suelo santiaguino y me corroe
ese bichito que me incita a malgastar el poco dinero que poseo, que me dice:
- Hey!
Compra aquel vestido Opposite , porque recuerda que contigo no es suficiente.
- Oye! Comprate una hamburguesa en el Burger King para saciar
tu apetito de amor y compañía
- Usa maquillajes Maybelline para que algún hombre
te tome en cuenta, o simplemente para que éste mundo patas arriba no te destroce
por ser tu misma.
Fue así que decidí acabar con fuentes de sobre estímulos en
mi vida cotiadiana, eliminé facebook, perdí mi celular a propósito, devolví mi
computador y ya no veo tele ni escucho radio hace 2 años.
Cambie todo por mis amables y fieles libros, que me
confieren armonía, estabilidad e independencia de la sociedad de consumo en la
que habito.
Ciertamente en algunos aspectos me mantengo algo marginada
de la realidad virtual, que hoy en día es muy importante, pero quizás más
adelante retome el uso de alguno de estos aparatos, qué sé yo, el tiempo dirá.