miércoles, 19 de septiembre de 2012


Yo vivo Santiago centro y usualmente caigo en la histeria colectiva de los ruidos y las luces que no cesan de transgredir mi efímera humanidad.
Esta suerte de estímulo-respuesta en la que vivo, es el resultado de una seguidilla de factores que se han venido desencadenando a través de la historia misma, siendo más clara, desde el surgimiento del capitalismo en la edad media hasta la completa instauración del sistema neoliberal propuesto por don Friedman.

ES ASÍ COMO CONTINUAMENTE SOY ACECHADA POR MÚLTIPLES VILLANOS QUE NECESITAN ABSORBER MI ENERGÍA PARA CALMAR MOMENTÁNEAMENTE EL VICIO DE PODER, Y DE PASO, TRATAR DE GOBERNAR MI VIDA.

-          Cómo debo vestirme?
Con ropa Zara
-          Cuál es el celular de última generación que necesito?
Un Galaxy S III
-          De qué forma puedo ser exitosa?
Teniendo mi propio Mini Cooper

Estas son las clases de preguntas y respuestas con las que convivo cotidianamente en las calles de mi ciudad, dudas y aseveraciones que brotan sin tregua de las murallas, de las azoteas de los edificios, de los automóviles, del metro, de las micros…
Y en complemento con la televisión, la radio y el computador son la muerte segura de una vida consciente.
He estado bien loca por esta situación, he sufrido de insomnio, de apatía total, de baja autoestima, y realmente me siento acorralada, salgo a la calle y doy vueltas y vueltas sobre lo mismo, los mensajes no cesan, y la nefasta publicidad no se apiada de mi mente.
POR ESO LLEGA UN MOMENTO DADO EN QUE SUELO ARRANCAR, CORRER DE TODA ÉSTA LOCURA MERCANTIL E INDUSTRIAL.
CORRO POR MI VIDA AL LUGAR MÁS LEJOS QUE PUEDO, en este caso, a mi querido pueblito de Mulchén, que está situado en la octava región, y que es el responsable de mantenerme cuerda dentro de todo.
Allí es donde logro encontrar una verdadera armonía sin tantas luces ni parafernalia, con un contacto más cercano a la naturaleza y su tranquilidad, sin tener que escuchar repetitivas voces que me sugieren o derechamente me ordenan de qué manera debo ser feliz.
Allá, lejos de esta enorme urbe, consigo paz verdadera, la felicidad, la iluminación de una mente clara y objetiva.
Pero claro, siempre llega ese momento donde todos debemos volver a donde pertenecemos y vuelvo a repetir las mismas conductas de las que me deshice luego de vivir libre en el sur, piso suelo santiaguino y me corroe ese bichito que me incita a malgastar el poco dinero que poseo, que me dice:
 -            Hey! Compra aquel vestido Opposite , porque recuerda que contigo no es suficiente.
-           Oye! Comprate una hamburguesa en el Burger King para saciar tu apetito de amor y compañía
-           Usa maquillajes Maybelline para que algún hombre te tome en cuenta, o simplemente para que éste mundo patas arriba no te destroce por ser tu misma.

Fue así que decidí acabar con fuentes de sobre estímulos en mi vida cotiadiana, eliminé facebook, perdí mi celular a propósito, devolví mi computador y ya no veo tele ni escucho radio hace 2 años.
Cambie todo por mis amables y fieles libros, que me confieren armonía, estabilidad e independencia de la sociedad de consumo en la que habito.

Ciertamente en algunos aspectos me mantengo algo marginada de la realidad virtual, que hoy en día es muy importante, pero quizás más adelante retome el uso de alguno de estos aparatos, qué sé yo, el tiempo dirá.

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